Superposición del sitio

Reparar puentes rotos

Me acuerdo de que, cuando llegué a mis primeras reuniones de Doce Pasos, lo que más me motivaba en la lectura de los pasos era “Reparamos el daño causado directamente…”. Por supuesto que fue necesario que pasaran muchos años de reuniones y reuniones y reuniones para que pudiera llegar ahí. Todos los esfuerzos de recuperación que hice en esos años me permitieron cambiar mi forma de pensar, mi forma de hacer las cosas; me ayudaron a procurar guiar mi vida por principios espirituales (aunque por supuesto que ese es un proceso constante y nunca me sale perfecto: lo más importante es progresar, no ser perfecto).

Antes de llegar al Noveno Paso, tuve que trabajar los pasos anteriores. El Cuarto Paso fue fundamental. La segunda vez que lo escribí (esta vez, hasta el final) fue una revolución. Mi primer padrino me había dicho que no hacía falta que redactara todos mis resentimientos, que podía escribirlos con viñetas. En cambio, mi segundo padrino me dijo que escribir todo era un ejercicio muy importante. Así lo hice. Mientras escribía, recuerdo haberme conectado en redes sociales para visitar el perfil de un excompañero de la escuela primaria y tomar consciencia finalmente de que esto es algo que hacía con frecuencia, lleno de odio. Increíblemente, a pesar de haber visitado su perfil incontables veces y de haber sentido cosas horribles, nunca había sido capaz de llevar a la conciencia el verdadero significado de ese acto. Hoy por hoy, lo comprendo perfectamente. Sé que mis excompañeros de escuela me hicieron sufrir mucho y que desarrollé mi adicción sexual como defensa contra todo ese sufrimiento.

Esa vez que revisaba el perfil de este excompañero, sentí mucha vergüenza, me sentí indefenso frente al corazón de mi enfermedad, pero al mismo tiempo sentí que algo fundamental se me revelaba. El trabajo de pasos me permitió viajar en el tiempo, guiado de la mano de mi padrino, como si nos adentráramos en un bosque oscuro, pero él llevaba una linterna y no íbamos a perdernos. Compartir sobre ese sufrimiento tan lejano me permitió comenzar a sanar a ese niño lastimado que se había convertido en quien era al principio de mi recuperación, para que se convirtiera en quien soy hoy.

Los pasos me han permitido ordenar el caos de mi vida. El sufrimiento de ese pasado tan lejano y los dramas más cercanos de los que soy responsable. Más tarde, con mi pasado curado como en una operación a corazón abierto, pude finalmente practicar el Noveno Paso. Me acuerdo de la sensación de inmensa paz al haber terminado. Ya no pensaba en tal o cual persona con dolor, en mi familia con culpa, en mis amigos con incomodidad. Incluso descubrí muchas veces que el daño que había causado ya se había disipado o que la persona que había dañado ya no sufría. Pero practicar este paso es como reparar los puentes rotos entre esas personas y yo. Ahora esos puentes se pueden usar. Y lo mismo pasa con el presente y el pasado. Ahora puedo viajar en el tiempo con mis recuerdos, con mis actos, con mi experiencia; y, por sobre todas las cosas, ya no huyo de él con mi adicción. Gracias al programa, hoy “no nos lamentaremos del pasado ni desearemos cerrar la puerta que nos conduce a él” es completamente cierto para mí.